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NOMBRE: Anashil
RAZA: Númenóreana Negra
PROFESIÓN: Montaráz
Hoja del Personaje
HOJA
NIVEL ACTUAL: 4
FECHA : 1640 T. E.
LUGAR: Tierra Media

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Dicen que la soledad es lo único que le queda al guerrero tras la batalla. Yo no lo creo así. Tras una batalla, simplemente queda prepararse para la siguiente. Quizás la última.

Era todavía una niña cuando fui capturada por un grupo de Orcos que asaltaron mi pequeña aldea durante una de sus correrías por el norte de Umbar. Empleada como criada del jefe del clan durante 5 años, aprendí Orco y desarrollé la suficiente destreza como para poder cuidarme sin ayuda de nadie.

El clan orco con el que convivía se fue trasladando hacia el norte debido a la presión ejercida por los Numenoreanos y los Corsarios (deseosos de entablar unas relaciones "más estrechas" con sus vecinos gondorianos) hasta que fue exterminado por otro clan... "en el transcurso de una de esas estúpidas e inútiles discusiones orcas".

Mis nuevos propietarios juzgaron que sacarían un mayor provecho de su botín si me vendían en la cuidad de Sarn Arang. Así fue como acabé convirtiéndome en criada personal de un Uruk-Hai capitán del ejército del Nigromante llamado Maslok. El hecho de que sobreviviera cerca de 6 años en esas condiciones sigue siendo algo inexplicable para mi.

Durante el cautiverio entablé una cierta amistad con un grupo de elfos capturados en el este de Lórien; debieron ver algo especial en mí, o quizás solo era aburrimiento. ¿Quién sabe? El caso es que me enseñaron algo de sindarín. Esta relación hizo que mi natural antagonismo hacia ellos se diluyera en un odio aún mayor a los sirvientes del Señor Oscuro en general y a los orcos en particular. Así mismo, conseguí que el Shamán de la Compañía me enseñara algún ‘truco mágico’. El cómo lo logré es algo que prefiero olvidar.

Por fin, un día se presentó la oportunidad tanto tiempo ansiada. La compañía de Maslok se dirigía hacia Carn Dum cuando fue emboscada por un grupo de mercenarios cerca de la ciudad de Kuska. Cuando todo terminó, únicamente yo quedaba en pie. Así que recogí lo que pensé que podía serme útil y me encaminé no sabía muy bien hacia donde.

En mi cabeza bullían mil y una ideas mientras vagabundeaba de aquí para allá. Entonces, una certeza se abrió paso con un inusitado poder. ¡Era libre! Por fin podría llevar a cabo uno de mis sueños más anhelados.

Otra idea se alzó sobre las demás: ¡Venganza!

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Esta mañana he sido atacada por un grupo de Trolls y oportunamente salvada por una unidad de mercenarios llamada "La Legión Negra". ¡Vaya primer día de libertad!

Su estandarte es una calavera orca empalada al natural sobre una gran alabarda manejada por un humano bastante peludo llamado Yaki (un beórnida, como he sabido hace poco).

Su capitán es un elfo silvano llamado Alfolfol (1.90, 70 Kg., rubio de ojos azules) y su Lugarteniente es un campesino humano llamado Roger (1.90 metros de altura coronados por una negra cresta de pelo, 95 Kg., ojos marrones y el cuerpo marcado por múltiples cicatrices de guerra). Me gusta su profesionalidad.

No he tenido tiempo de fijarme en el resto del grupo, pues partimos rápidamente hacia una batalla contra las huestes del Rey Brujo de Angmar. No me cabe duda. He ido a enrolarme en una unidad con grandes y poderosos enemigos... Lo cual demuestra "nuestra elevada operatividad en combate", como dice Roger.

Antes de abandonar la cueva, como nuevo miembro recibí varias aplicaciones de hierbas. Unas eran curativas y otras algún tipo especial de ayuda. Me ordenaron que tomase un manojo de estas últimas antes de entrar en combate. El resto cuando yo lo considerara oportuno.

Al salir de un bosque lo vi: Grandes máquinas de guerra vomitando piedras incandescentes contra un castillo situado en una pequeña colina cercana, estandartes al viento y un sobrecogedor griterío cuando comenzó la carga del enemigo.

Avanzamos hacía el grupo de infantería que parecía ser nuestra unidad madre en la contienda. Durante el trayecto pusimos todo nuestro empeño en hacer el máximo daño posible a un grupo de orcos que atacaban otra unidad de infantería situada a nuestro flanco izquierdo (al este del castillo).

Cuando tomamos contacto con la unidad objetivo nos situamos en su flanco izquierdo y avanzamos hacia la vanguardia de la misma poco a poco. Esto nos obligó a entablar combate con varios elementos de una unidad de caballería que estaba cargando por nuestra izquierda hacia otra aliada. Una vez desmontados los enemigos, cogimos sus caballos y acudimos en apoyo de la caballería amiga mientras su Capitán gritaba que cargáramos contra las catapultas situadas al norte. Sus proyectiles se ensañaban ferozmente contra las murallas del castillo.

Así comenzó mi primera carga heróica.

Justamente cuando atravesábamos la formación enemiga, nos topamos con un compacto grupo de jinetes. ¡El comandante y su guardia personal! A un grito viramos encaminándonos hacia ellos.

En la pelea que se desató a continuación pasé ciertos apuros, pues me quedé aislada, junto con el Capitán Alfolfol y un dúnedain guerrero llamado Clik, luchando contra el Capitán enemigo y varios de sus mejores hombres. Afortunadamente, cuando Alfolfol había sido herido brutalmente por este y las cosas no parecían ir demasiado bien, apareció el Sargento Roger con varios compañeros en el momento oportuno.

Viendo al enano guerrero Barbanegra (1.50 m, 95 Kg., pelo y ojos negros) blandir su gran maza de combate a lomos de un caballo robado, tuve la certeza de que me encontraba en compañía de gente cien por cien operativa.

Después de contener un furioso contraataque me percaté de que Yaki se había convertido en oso.

¡Un oso pegando a diestro y siniestro!

Advertencia importante: No te acerques demasiado, por si acaso. Un oso enfurecido no suele prestar atención a quién machaca y con qué... o qué machaca y con quién.

Una vez eliminado el Jefe de la Caballería enemiga y tras sobrepasar un molesto grupo de orcos, cargamos, por fin, contra la primera de las catapultas. Al vernos llegar, la dotación salió huyendo facilitándonos las cosas. ¡Ojalá siempre fuera así!

Con la segunda catapulta organizamos un primer ataque pesado bajo cobertura de los dos arqueros del grupo (este es un tema que debe potenciarse más. Tengo que hablarlo un día de estos con el Jefe), seguido de otro de apoyo más suave pero igualmente entusiasta. ¡Genial! El dúnedain y yo formamos un buen equipo. Por otro lado, quisiera pensar que algún día lideraré un primer ataque como este.

¡A por la tercera! ¡Vaya con el oso! ¡Qué carga! A puesto en fuga a la dotación completa.

Recuerdo que miré al campo de batalla para hacerme una idea de la situación global. Ya entonces me di cuenta de que esto no marchaba bien. Un grupo de infantería apareció por el este lanzándose contra los orcos de ese flanco. Solo retrasaron lo inevitable.

Nuestro Capitán ordenó la retirada hacia las ruinas del otrora orgulloso castillo (nos detuvimos demasiado tiempo antes de destruir las catapultas). La ruta de vuelta pasó a través del flanco derecho de la caballería y el izquierdo de la infantería enemigas.

¡Qué combate! Recibo varias heridas (ninguna grave, afortunadamente) y perdemos a cinco de los nuestros. Poco a poco nos abrimos paso al castillo. Es duro, muy duro. Cae el Jefe del Castillo, pero la gente aguanta. Cuando conseguimos entrar en las ruinas solamente alcanzamos a contemplar el derrumbe de la torre del homenaje. El Capitán Alfolfol ordena salir a toda pastilla de allí y encaminarnos a Bree.

Sobrevivimos para luchar otro día más.

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Nos encontramos acampados en un claro de un bosque, esperando una visita muy especial: Un grupo de guerreros nos ha venido siguiendo durante las últimas horas.

La recepción está lista.

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En realidad, la pelea no ha sido muy complicada. Hoy he matado a mi primer enano (previamente herido por una certera flecha del Capitán Alfolfol). El resto se ha rendido o se ha quedado dormido gracias a un conjuro del elfo silvano Trancer (1.80 m, 75 Kg., pelo rubio y ojos azules). Tras un concienzudo registro e interrogatorio hemos llegado a la conclusión de que son enviados de un gran señor de Cardolán (situado al sur) para informarse del resultado de la guerra.

Todavía no comprendo bien los motivos, aparte del dinero prometido, pero hemos aceptado acompañarles a las ruinas del castillo atacado hace poco. No sé, querrán asegurarse de lo ocurrido.

Mañana enterraremos al enano fallecido antes de salir.

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Cuando llegamos a la linde del bosque cercano a nuestro objetivo hemos encontrado gran cantidad de gente (humanos y orcos) reconstruyéndolo a marchas forzadas mientras eran vigilados por una guardia más que excesiva. Este hecho hizo que Roger se jactara del miedo que, según él, nuestra unidad causaba en el enemigo. Personalmente no me gusta despertar tanta expectación. Me parece poco inteligente.

Tal y como están las cosas, Alfolfol ha decidido que nos infiltremos esta noche. El plan es sencillo, un miembro del grupo al que protegemos entrará en las ruinas para, imitando a un búho o similar, dar la señal de ataque. Entonces, cada "unidad de combate" (según Roger) se encargará de cumplir sus objetivos lo más rápida y silenciosamente posible.

Es hora de irme. Me ha tocado con el Capitán y me esperan.

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Bueno, todo ha terminado y volvemos a encaminarnos a Bree. La verdad es que hoy nada ha salido como pensaba. Me temo que la vida en libertad es algo más complicada de lo que me imaginaba.

Las cosas comenzaron a torcerse cuando escuchamos un sonido parecido a "Kíkiriquí" en vez del típico ulular del búho ¿o era una urraca lo que teníamos que escuchar? No lo sé. Lo único cierto es que atacamos con celeridad. Un gran tiro de Alfolfol acabo con el primero de nuestros objetivos. Aunque al segundo también lo eliminó él, tengo que decir que lo herí yo (me sigue faltando entrenamiento, lo sé).

Las cosas empeoraron cuando Yaki se convirtió en oso y se dedicó a recorrer el perímetro buscando guardias. A Roger casi le da un ataque cuando vio que destrozaría el montaje "guardia-muerto-que-parece-hacer-guardia". Parece mentira lo persuasiva que puede llegar a ser una hoja afilada en manos de nuestro Segundo.

Lo peor sucedió al entrar a explorar un barracón en ruinas a la vez que los demás se desperdigaban para rapiñar algún despojo. Algo atacó a Yaki y yo (que iba detrás de él) me vi obligada a responder. Resultó ser un crío de 13 años que solo intentaba proteger a su hermano de 4 (escondido al fondo). Reconozco que la situación no me gustó en absoluto y que durante un instante me quedé sin saber que hacer. Entonces recordé lo que había aprendido: "Piensa antes del combate, pelea en el combate y diviértete después del combate."

Ahora lo veo claro. Si piensas en un combate, estás muerto. Luego deja que el entrenamiento y tu intuición hagan el trabajo sucio.

Cargaré lo sucedido en la cuenta del enemigo.

Mañana será otro día.

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Nos hemos separado a medio camino de Bree. Acordamos hacerlo así para que cada uno pusiera en orden sus asuntos y para ser más difíciles de localizar por el enemigo.

No está mal el lugar. La "Última Posada" la llaman. Buen nombre. Ahora camino junto al mago Trancer, Yaki, Clik, Barbanegra y nuestro Capitán Alfolfol.

Nos hemos encontrado con una pareja que parece conocer bien a Alfolfol y a Trancer. Les he dejado charlando.

Por cierto, Barbanegra dice ser de sangre real (curioso y algo divertido).

¡Ah, sí! He tenido que darle un rodillazo a Yaki (menos mal que no se ha convertido en oso). Lástima, me estaba empezando a gustar.

Estoy cansada. Presiento que mañana habrá más y no bueno.

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¡Una nueva aventura! Hemos de proteger a Altuín y a su prometida durante su viaje hacia el este.

Me ha tocado la segunda guardia junto con el enano. Aunque no me acaban de convencer estos enanos, no tengo porque dudar de la capacidad de Barbanegra hasta la fecha.

Ya veremos.

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Hoy he recibido mi primer botín. En verdad, mi primera parte de un botín. ¡Bien por ello!

Aunque ahora todo está controlado, mi actuación ha sido decepcionante. Debo ser más rápida y estar más atenta.

Durante la guardia de anoche, oí ruidos, me preparé y... ¡mierda! Nos cogieron como a principiantes.

En ese momento pensé que volvería a aquellos días de infierno. Pero, no. Los magos estaban allí. Nunca había presenciado un combate mágico. Realmente espectacular.

Trancer lanzó un fogonazo de luz que provocó el suficiente desconcierto como para que Altuín pudiera tranquilamente deshacerse de los atacantes.

¡Y éste era al que había que proteger! ¡Pues vaya!

A parte de la paliza que le dieron a Alfolfol, nada irreparable ocurrió esa noche.

Tuvimos suerte, mucha suerte.

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Estoy en un lugar increíble, magnífico, esplendoroso... No se que decir más, salvo que se llama Rivendel.

¡Nos recibió Glorfindel! Según parece un gran rey elfo que considera a Altuín casi más que él. No sé. Este grupo parece estar destinado a grandes gestas, lo presiento.

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Han pasado dos increíbles días. He conocido a Elrond, el medio-elfo, y hoy nos ponemos en camino hacia un sitio llamado "Pozo del Destino". Viajaremos durante dos días con órdenes estrictas de evitar entrar en combate con el enemigo. Al parecer, el lugar en cuestión se encuentra en un valle al que se accede a través de una cueva.

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Bueno, nos seguimos dirigiendo a Bree (a este paso creo que nunca llegaremos) y las cosas no han salido tan mal como en un principio parecía.

En medio del camino que atravesaba la cueva encontramos una estatua que cobró vida dirigiéndose hacia nosotros. Clik fue el primero en reaccionar lanzándose al ataque.

Reconozco que dudé. Pensé que era algo demasiado poderoso para mí, así que opté por colocarme a su espalda con la ayuda de un conjuro del Capitán Alfolfol.

La estatua en cuestión era un Golem de hierro. Un enemigo difícil de vencer. Prueba de ello es que Clik se rompió un brazo y yo mi espada ancha antes de que Barbanegra acabara con él.

Cuando finalmente salimos al valle, vimos una torre sobre la cual se alzaba un supuesto guardián que nos atacó con una bola de fuego.

Del resto de la batalla, lo único que puedo recordar es una frenética carrera hacia la torre esquivando bolas y rayos (o al menos intentándolo), a Alfolfol gritando algo sobre un gran impacto, al oso jugando al bote de mermelada con el guardián y a Altuín y su compañera lanzándose al famoso pozo.

¡Uf! Otra como esta y no lo cuento. Desde ahora tendré mucho cuidado en no molestar a magos o similares... al menos no hasta que consiga ser tan poderosa como ellos.

Por cierto, necesito una espada, una buena espada. Tal vez consiga alguna a cuenta de mi sueldo al llegar a la ciudad.

Como cada vez que termino mi anotación diaria, me gusta pensar que mañana será otro día.

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Han pasado varios días de tranquilo viaje.

Hoy nos hemos separado.

Trancer, Clik y Barbanegra llegarán hasta Bree para buscar al resto de la unidad y reunirnos posteriormente en Methelburgo. Yaki, Alfolfol y yo nos dirigiremos hacia esta última ciudad para solucionar unos asuntos del Capitán.

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Yaki, el beórnida, nos ha dejado hoy partiendo hacia su hogar. Según parece debe reunirse con sus familiares para nosequé fiesta anual.

Los días son tranquilos, soleados y poco provechosos. Espero que esto cambie en un futuro no muy lejano.

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Esta mañana hemos llegado a Methelburgo.

Ni rastro de nuestros compañeros. Esta noche saldremos hacia una granja cercana donde Alfolfol solucionará su problema. Una deuda de honor con un humano, dice él. Según he podido averiguar, se trata de dinero. ¿Honor? Los elfos nunca dejarán de sorprenderme.

He llegado a un acuerdo con el Maestro Herrero de la ciudad. Me pagará un favor con una espada de acero bastante buena. Como señal he obtenido una espada ancha que me hará un buen servicio hasta ese momento.

Dicho favor consiste en impedir que un rico comerciante de Esgaroth con amplios contactos entre los enanos y elfos, se instale en la ciudad al ponerse de acuerdo con otros 2 herreros de la misma. En dos semanas llegará un enviado suyo para poner en marcha el asunto. Tengo la impresión de que los accidentes en las herrerías van a duplicarse.

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Mañana partiremos hacia la Ciudad de los Hombres del Bosque, en dirección sur y atravesando el Bosque Negro. Hemos averiguado que varios de nuestros compañeros se han puesto en camino antes que nosotros para cumplir un nuevo contrato. El mensaje dejado en la posada no admitía discusión.

¡Allá vamos!

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Este amanecer nos hemos topado con el hermano de Barbanegra. Le está buscando para resolver un asunto familiar. Nos acompañará el resto del camino. Atiende al nombre de Barbarroja (1.45 m, 81 Kg., pelirrojo y ojos marrones) y afirma sin rubor alguno que sabe nadar. Todo un logro para un enano, sin duda.

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Cada vez somos más. Esta tarde se nos ha unido un antiguo amigo de la infancia... de hecho, fuimos capturados juntos. Se llama Caronte y su 1.93 m de altura junto con sus 100 Kg. de excentricidad en un estado salvaje más que preocupante no se parece en nada a ese niño debilucho al que pateaba cada vez que me tiraba de las coletas.

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Hemos dejado los caballos en la Ciudad de los Hombres del Bosque y nos adentraremos en el Bosque Negro en cuanto salga el sol.

Esta noche procuraré descansar bien...

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Malas noticias y negros presagios. Mientras que esperamos al Capitán Alfolfol escribo apresuradamente estas líneas.

Acabamos de encontrar a Trancer bajo los restos de una mula. Seguíamos el estruendo de una explosión mágica cuando llegamos hasta un nuevo claro artificial del bosque... Según parece, parte de nuestra unidad ha sido atacada y secuestrada por Uruk-Hai (nos volvemos a encontrar).

Trancer nos ha contado de una forma un tanto embarullada que el enano Barbanegra murió en una emboscada hace algunos días. También hemos perdido a Erden (un medio-elfo en el que no me fijé mucho). Del resto del grupo no sabe nada, pues en Methelburgo solo llegó a encontrarse con Roger, Clik y un nuevo miembro llamado Darwin.

Por cierto, Trancer se encuentra acompañado por un... un... hobbit creo que se llama su raza. Es un ser parecido a los enanos... pero algo más pequeño, ojos negros, pelo negro y con grandes pies peludos. Este en cuestión dice llamarse Berüdik y ser un grandísimo explorador. Sus 1.20 m y 40 Kg. sin duda podrán ayudarle a pasar desapercibido.

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Esta noche casi no puedo escribir. Después de caminar unas horas por el bosque, un grupo de arañas me ha capturado. Lo único que sé es que me he despertado en un improvisado campamento llena de magulladuras y aterida de frío.

Caronte me ha contado que el Capitán Alfolfol planeó y dirigió personalmente mi rescate del interior de la despensa de un gigantesco nido de arañas... ¡Qué suerte tener amigos así!

Mañana seguiremos el rastro de los captores de nuestros compañeros... Si alguna vez tuve dudas sobre este particular, lo acaecido hoy las ha disipado completamente.

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Esto se está convirtiendo en algo preocupante. Hoy me han vuelto a dejar inconsciente y, de hecho, casi muero. Menos mal que Berüdik, el hobbit, me ha ayudado, sino...

Los hechos, si mal no recuerdo, se pueden resumir en nuestra llegada hasta un baluarte totalmente construido de piedra negra, mi conversión en Uruk-Hai (Trancer está resultando un mago bastante competente. Sería interesante aprender algo de él), entrada en el mismo con Caronte como prisionero (mi dominio de los idiomas del Señor Oscuro se ha rebelado como una "gran baza táctica" (textual de Alfolfol)) y herida grave en combate personal contra la guardia Uruk-Hai al intentar abrir la puerta a los demás. Del resto, según me ha contado Berüdik, mejor olvidarse... Derribo de la puerta utilizándole como ariete (sus pies son realmente increíbles), combate mágico personal de Trancer con un primo suyo que le tenía tirria y que ha sido el causante de todo el jaleo (parece que ganó el menos malo) y ataque de locura de Caronte bastante incordio (aunque no supuso un problema para la seguridad del grupo, sería interesante controlarle más de cerca).

Lo único positivo ha sido la liberación de Roger y Clik. Ese tal Darwin ha fallecido. Según Roger se trata de una "Baja Colateral por fuego amigo". Me reafirmo en mi creencia de que el sitio más seguro durante un combate entre magos es... bien lejos.

Creo que esta noche no dormiré muy bien...

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Esta mañana se nos han unido Tuko y un nuevo compañero. Todavía no me explico como dos enanos han podido atravesar medio Bosque Negro con un barril de cerveza y completamente borrachos... aunque con los berridos que pegaban, todo es posible.

Mi opinión sobre Tuko (1.20 m, 75 Kg., pelirrojo y ojos azules) no está formada aún, pero su comportamiento en la Batalla del Castillo sobre la Colina demostró que un Umli puede ser bastante eficaz. Si bien su operatividad como mago sigue siendo un misterio para mi.

La nueva adquisición se llama Canalpé (1.25 m, 50 Kg., pelo y ojos negros) y me parece que es un Animista. Curioso, pues juraría haber oído decir miles de veces a los Orcos que los enanos solo servían para luchar. ¡Ja! Lo que tengo claro es que no se puede decir de ellos que sean malos bebedores.

Hoy he aprendido que debo tener mucho cuidado con libros y similares. Trancer ha intentado leer uno de los libros que saqueó a su primo y como resultado Alfolfol fue despedido un par de metros por el aire. Nada grave, afortunadamente. El dichoso libro trata sobre la Askimina... no... creo que Trancer habló de Alskimia... Alquimina o algo así. Cosas de magos.

Un segundo libro de color negro ha ido a parar al fondo de la mochila de nuestra U.M.C. o Unidad Mágica de Combate. Roger no deja de sorprenderme con esas definiciones tan extrañas. Cosas de campesinos mercenarios.

Tuko ha insistido en revitalizar a Canalpé con un ¿poco? de licor después de que este tocara el libro negro en cuestión. Cosas de Enanos.

En ese momento ha aparecido un jinete negro por el camino, resultando ser una "vieja" amiga del Capitán Alfolfol. Parece una noble edain y tras llamar Amdir a nuestro jefe le ha pegado un achuchón de mucho cuidado. Se llama Adunaphel y trabaja para un señor del este. Es curioso lo patético que puede llegar a ser nuestro líder tartamudeando "¿ein?" cada vez que la mujer le comentaba algo de su pasado. Cosas de Elfos.

En este momento somos: Alfolfol, Roger, Trancer, Caronte, Barbarroja (que mantiene que es de sangre real como su hermano - ya veremos, ya -), Tuko, Canalpé, Clik de Famosa, Berüdik y yo. Buen y numeroso grupo, sin duda.

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Cuando estamos a punto de bajar por unas escaleras hacia el interior de un mausoleo élfico, solo puedo resumir brevemente lo acontecido hasta ahora.

Nos hemos separado y al cabo de varias horas encontramos al resto de nuestro grupo algo maltrecho (Roger con una pierna rota, magulladuras varias, etc.) tras un encuentro con el espectro guardián de la losa-que-cubre-el-agujero-a-donde-nadie-quiere-ir.

Trancer y Tuko han encendido luces y comienzan a bajar. Espero seguir con este diario a la luz del atardecer o con un buen fuego delante.

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Anotación importante: Nunca tirar una piedra (u objeto con un peso menor que una montaña de hierro) a un espectro fantasmal que trabaje como Guardián-jefe de una tumba élfica.

¡Otra vez inconsciente!

Aunque las cosas han terminado saliendo bien, casi no lo contamos. Los daños pueden resumirse así:

Alfolfol, Barbarroja y Tuko

Muy graves después de enfrentarse en combate personal contra unos fantasmas muy, pero que muy bestias y con mala leche.

Canalpé y Berüdik

Drogados e inservibles en un rincón. Me sigo sin explicar como sucedió, pero de buenas a primeras desaparecieron para volver a aparecer totalmente idos.

El resto conseguimos vencer a nuestros oponentes (¡Bien, he mandado a las Tierras Imperecederas a mi primer espectro fantasmagórico!) y nos encaminamos hasta una sala en cuyo arco de entrada se encontraba un "grifo" (siempre según Trancer). Allí Caronte ha sufrido uno de sus ataques de locura y tras saltar repetidamente sobre la runa de protección (eso es un grifo) terminó rompiéndose los dos brazos (parece ser lo habitual en esta unidad mercenaria). Entonces apareció el famoso Guardián-jefe y tras una discusión sobre los derechos de posesión de la gran cruz de og que se encontraba en la otra sala (me costó, pero al final me he enterado de lo que teníamos que hacer... ¡estos malditos elfos magos herméticos!), le tiré una piedra y tras aguantar su vacía mirada, me arreó tal guantazo que terminé viendo las estrellas de Umbar durante un buen rato.

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¡La que han, hemos liado!

En estos momentos nos encontramos en las lindes del Bosque Negro esperando a Caronte, después de haber salido rápidamente de Buhr Widu, una pequeña ciudad sobre un río. Habíamos ido en busca de agua, apoyo médico y una mula para poder acometer la vuelta a la Ciudad de los Hombres del Bosque en condiciones cuando a una parte del grupo se le ha ocurrido irse de juerga a una taberna... ¡a la una de la tarde!

Mientras yo conseguía una muy buena espada gracias a las habilidades del mago Trancer y a cambio de cualquier objeto mágico que pudiera encontrar a lo largo de mis aventuras (no quisiera desmoralizarle, pero sospecho que eso será algo difícil), los demás se emborrachaban con una especie de Hidromiel destilada y se vomitaban unos a otros.

Cuando llegamos a la taberna, estaban todos por el suelo con un aspecto francamente desolador. Pero lo peor no fue eso, sino que Trancer se puso a discutir con el tabernero sobre la deuda y el lugar donde debían dormir la mona nuestros compañeros, justo cuando a Caronte le daba uno de sus típicos ataques. Resultado: El tabernero le calma con una patada de las que hacen época mientras conseguimos tranquilizar las cosas y sacar a los nuestros con el fin de llevarlos hacia una posada cercana en donde alquilamos unas camas.

Esa misma noche volvemos a la taberna para solucionar el asunto anterior y lo único que conseguimos es una discusión entre Roger y el tabernero dando como resultado nuestra ya citada estampida de la ciudad. Supongo que no podremos volver durante un tiempo, un largo tiempo.

Caronte acaba de llegar, nos ponemos en camino...

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De nuevo acampados en espera de cenar.

Estoy contenta. Ayer por la noche no me dejé sorprender y luche contra una serpiente de 8 metros a la que derroté. Llevo su piel como trofeo y espero sacar algo por ella en la ciudad. Trancer literalmente achicharró a una segunda que se disponía a zamparse a Berüdik, el hobbit.

Roger ha retado a Adunaphel a un combate de entrenamiento y mientras escribo esto lo está pasando mal... Creo que es fácil saber quien ganará.

A dormir, que me toca el cuarto turno de guardia.

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Han pasado varios días y todo va bien. Mañana llegaremos a la Ciudad de los Hombres del Bosque.

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¡Tenemos un nuevo trabajo de protección! Eso implica que alguien puede intentar atacarnos, lo que significa aventura...

Nos debemos dirigir a Methelburgo (donde solucionaré el asunto del herrero) y después a las Colinas de Hierro para intercambiar un carro de grano por herramientas. Nos acompañará un guía.

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¡Methelburgo en fiestas! ¡La fiesta del medio-año! Promete ser divertido. Ya veremos, ya.

No se puede decir que llegar hasta la ciudad haya sido tranquilo y reposado. Unos bandidos intentaron robarnos el grano... ¡ilusos! Fue una emboscada bastante buena y sin duda, otros habrían caído irremisiblemente bajo sus flechas... pero no nosotros.

Roger nos despertó con grandes gritos. Un hombre harapiento se había aproximado en la noche al campamento pidiendo ayuda y protección. Alfolfol sospechó que algo no andaba bien y al grito de ¡Emboscada! nos preparamos lo más rápidamente posible para el combate. En eso, una lluvia de flechas nos cubrió hiriendo a Trancer a la vez que una horda de bandidos (aunque el término puede parecer excesivo, diez bandidos gritando mientras cargan a la luz de la luna no deja de ser imponente), se lanzaban hacia una presurosa línea defensiva formada por Roger, Caronte, Click de Famosa, Barbarroja y yo. En el choque subsiguiente demostramos porque somos una gran unidad mercenaria (o eso me pareció a mi) y obtuvimos la victoria con relativa facilidad.

¡Se me olvidaba! Esta tarde he devuelto la espada ancha que me prestó el Maestro Herrero y vendido la piel de serpiente. No he obtenido mucho, pero la verdad es que tampoco nací comerciante.

Mañana el grupo se adelantará con el carro de grano en dirección a las Colinas de Hierro mientras Alfolfol y yo solucionamos el tema del herrero. Afortunadamente disponemos de buenos caballos y no creo que haya problemas para alcanzar a los nuestros antes de que se hayan alejado demasiado.

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Esta mañana estuvimos en el mercado de la ciudad. Allí compré una lanza de caballería mientras Alfolfol se distraía mirando puestos de herramientas.

Después de comer y cuando vagábamos entre el bullicio de la fiesta un ladronzuelo ha intentado hacer de las suyas con nosotros. Después de despacharle con un sopapo hemos ido al puerto por si nos enterábamos de algo. Nada.

De vuelta a las calles principales de la ciudad hemos caído "prisioneros" de una turba de bailarines. A Alfolfol le han manteado "amistosamente" durante tres calles hasta que se pudo escabullir. En cuanto a mi... digamos que el baile no es lo mío y que probablemente tampoco lo será para "él" desde ahora.

Tenemos un nuevo compañero, es un elfo silvano como Alfolfol y se llama Mithos (1.90 m, 70 Kg., rubio y de ojos azules). Le conocimos esta tarde, durante una típica pelea de taberna en "La víbora enroscada" mientras intentábamos obtener información sobre la reunión de los dos herreros con el enviado de Esgaroth.

En determinadas ocasiones el ser mujer es un verdadero incordio. Menos mal que no soy una elfa también, que si no... Resumiendo, la pelea tabernaria empezó por mi culpa. No, no. Más bien por culpa de un borracho que intentó pasarse de listo conmigo. No creo que le vuelvan a quedar ganas de hacerlo durante una larga temporada... ¡Ja, ja, ja!

Cuando todo el mundo comenzó a pegarse, el tabernero se empeñó en que debería bajarme de SU barra si no quería tener problemas de salud (ahora mismo debe estar en el curandero más próximo de la patada y posteriores puñetazos que le aticé).

La pelea provocó que Alfolfol buscase una salida algo más segura para nosotros que recorrer los 10 metros que nos separaban de la puerta principal. Al abrir una puerta situada detrás de la barra nos topamos con una timba de cartas. Tras las excusas de rigor y esquivar una saeta, conseguimos que el "jefe" del local nos atienda... me atienda. ¡Puaf! Sin duda he conocido orcos más guapos que él. ¡Hasta me propone en matrimonio! Como con gente así es difícil llegar a un acuerdo terminamos por despedirnos amistosamente (menos de lo que a la babosa le hubiera gustado).

La salida por el local no puede ser más caótica y dolorosa. Afortunadamente conseguimos que un curandero local nos atienda a tan intempestivas horas (no porque sea tarde, sino por la fiesta que hay montada en toda la ciudad).

Las siguientes horas las pasamos buscando a los herreros y su lugar de reunión con el fin de "intercambiar opiniones al respecto", según Alfolfol. Finalmente nos acercamos a una gran casa situada en la parte de atrás de una de las herrerías y en donde se divisa luz en los pisos superiores. El plan era sencillo: Yo debía vigilar la calle convenientemente escondida mientras Alfolfol y Mithos trepaban por la fachada con ánimo de entrar por una de las ventanas. Pero como todo plan sencillo que se precie, algo salió mal. En concreto, una mujer en el primer piso vio a Mithos colgado del alféizar de la ventana y se puso a gritar. Mis compañeros entraron en la habitación a saco y tras una breve pelea todo quedo en silencio. Al rato salieron de la casa un grupo de hombres armados con espadas que buscaban algo... más bien a alguien, sin resultado.

Cuando por fin salieron Alfolfol y Mithos me comunicaron que todo estaba resuelto. Habían hecho un trato con el enviado de Esgaroth. Dirían al Maestro Herrero que todo estaba solucionado a cambio de una sustanciosa paga y de abandonar inmediatamente la ciudad. Mithos agregó que deberíamos volver a entrar en la casa para rescatar a la mujer de uno de los herreros. Según descubrió, la maltrataba (como odio a ese tipo, si le vuelvo a encontrar...).

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Lamentablemente, Anashil no pudo continuar con su diario, ya que resultó muerta al caer de su caballo cuando huía de la casa citada anteriormente. El resto de sus compañeros sobrevivió y continuó sus aventuras por la Tierra Media.

Su muerte me dejó bastante frustrado, pues era un personaje con bastante posibilidades. Entre otras cosas porque el grupo en el que iba contaba con gente de nivel 7 y 8 que sabía lo que se hacía. ¡Maldita e inoportuna pifia en cabalgar!

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